.
Se apaga el eco férreo de la fiera batalla,
y el humo en Bizancio se empieza a disipar,
tras el portal de bronce, donde la luz desmaya,
observo las riquezas que acabo de conquistar.
y el humo en Bizancio se empieza a disipar,
tras el portal de bronce, donde la luz desmaya,
observo las riquezas que acabo de conquistar.
Tiradas en el mármol, desnudas de esperanza,
un grupo de cautivas solloza sin consuelo;
el llanto de sus ojos desarma mi venganza,
y el oro de sus templos ya no levanta el vuelo.
Yo, guerrero de hierro, curtido en la llanura,
que solo sé de sangre, de infierno y de botín,
hoy miro sus cadenas con una pena oscura,
al ver la triste gloria de este sangriento fin.

No hay comentarios:
Publicar un comentario